Hidratos de Carbono ¿Amigos o Enemigos?

Ale en Ciberdog San Antonio Portmany 01Hidratos de Carbono, ¿amigos o enemigos?

Recomendación general: Evita los Hidratos de Carbono, especialmente el Arroz, las Patatas, el Trigo (Pan, Pasta, Bollería, Tartas, etc), las Frutas, el Maíz y un largo etc.

Repasemos qué es que:

Las Proteínas son, principalmente, la carne de todo tipo como vacuno, cerdo, pollo, pescado, mariscos, etc. Algunas plantas también son fuentes de proteína como la soja, el aguacate, la quinoa, el garbanzo, etc.

Hay Grasas en muchos alimentos: Las carnes suelen tener más o menos grasa y los lácteos montones. Algunos vegetales tienen mucha grasa (las aceitunas, el girasol, las nueces, etc.).

Los Hidratos de Carbono o carbohidratos son (exagero un poco) todo lo demás. Concretamente el azúcar, la pasta, frutas, panes, patatas, arroces, bollería, caramelos, legumbres, vegetales y un largo etc. Para nuestros propósitos dividimos los Hidratos de Carbono en Libres, Aceptables y Prohibidos. Aunque esta clasificación es “nuestra”, se fundamenta en el Índice Glucémico (un concepto importante que se trata aquí).

Muchas bebidas son fuentes enormes de carbohidratos. Los refrescos, cervezas, vinos, licores, zumos de frutas, leche y muchas otras están repletas de sucrosa (el azúcar de siempre), fructosa, sacarosa, lactosa y otras “osas”.

¿Porque prestar atención especial a los Hidratos de Carbono?

La digestión convierte los diferentes Hidratos de Carbono en glucosa, el azúcar más abundante de la naturaleza y fuente ideal de energía por la facilidad con la que se “quema” en las células. La sangre distribuye la glucosa por todo el cuerpo aportando la energía que necesitamos para funcionar y mantenernos vivos.

Entonces, ¿que puede tener de malo?

No es el “que” sino el “cuando” y el “cuanto“. El cuerpo no puede almacenar la glucosa. Cuando comemos más hidratos de los que necesitamos, las moléculas sobrantes de glucosa se juntan en el hígado formando cadenas enormes de glucógeno. Estas reservas sirven para las necesidades cotidianas de energía. Conforme ha pasado la ultima comida y se acaba la glucosa de la sangre, el cuerpo tira del glucógeno.

Pero tampoco hay demasiado lugar para almacenar glucógeno en el hígado por lo cual, si la próxima vez comemos “de más” y sobra aún más glucosa el cuerpo finalmente convierte el excedente en grasa que almacena de forma más permanente en el abdomen, debajo de la piel, en las piernas, etc.

Si esto no fuese suficientemente, hay otra situación que puede convertirse en problema. La digestión de hidratos libera una cantidad de insulina para procesar glucosa en los músculos. Si no coordinamos bien la comida con el ejercicio este proceso va resultando en  cierta insensibilidad a la insulina. Con el tiempo el cuerpo debe producir más y más insulina para lograr el mismo efecto.

Glucosa 01

¿Estamos mal diseñados?

Pues, no. Hasta hace relativamente poco tiempo nuestros antepasados vivían con dos grandes preocupaciones: evitar que los matase un animal salvaje (o un vecino) y sobrevivir las frecuentes hambrunas. Nuestro sistema nos aporta energía instantánea – sea para cazar o para escapar – y la manera de almacenar la energía que sobra para invernar. Todo eso está muy bien en las planicies del Serengueti, no tanto entre el sofá, la tele y el biquini de la playa.

¿Que hacer?

Primero hay que someter al cuerpo a una falta drástica de hidratos. Antes de que el cuerpo tire de las reservas de grasa debe acabar con el glucógeno. Simultáneamente conviene realizar ejercicio tipo Cardio para consumir la glucosa en sangre y ejercicios de fuerza que aumentan el metabolismo (el musculo consume más calorías que la grasa en si). Esto es equivalente a subir el termostato de casa.

Sin embargo, este proceso básico no puede extenderse por más de 4 a 5 semanas. Pasado ese plazo el cuerpo “pilla” lo que está pasando, se declara en hambruna, reduce el metabolismo (y por tanto las necesidades de energía) haciendo más difícil disminuir la grasa.

Esta drástica reducción de hidratos solo se lleva a cabo durante unas 4 semanas. A partir de la tercera semana comenzamos a darle al cuerpo cantidades controladas de hidratos de carbono cuando realmente las necesita (una pista: después de hacer ejercicio intenso)

Los pasos

Las hormonas son una parte fundamental del control interno de nuestro cuerpo. Si nos descuidamos, nos convertimos en esclavos de nuestras hormonas pero también podemos llevarlas por el buen camino y sincronizar su actuación con nuestras intenciones. Afortunadamente, solo necesitamos modificar ciertos hábitos alimenticios para lograrlo.

En esta primera etapa nos concentramos en la Insulina y “meterla en cintura” (¡ja!)

Deja un comentario