Como alimentar al Cavernícola que llevas por dentro

Eres un Cavernicola

Eres un Cavernicola

Érase una vez un cavernícola a quién llamaremos, ¿por qué no?, Ramón. Su preocupación principal era muy sencilla: sobrevivir. Sencilla, pero no era fácil lograrlo. La mayoría de los alimentos corrían más rápido que él, tenía que esquivar las fauces de sus depredadores (que también corrían más rápido) y, por si el peligro diario no era suficiente, Ramón no contaba con forros polares ni calefacción durante los meses de durísimo invierno que podían matarle.

A pesar de todo, Ramón el cavernícola y sus descendientes modernos logramos sobreponernos a las vicisitudes. Domamos y domesticamos animales, desarrollamos la agricultura, inventamos la rueda, la electricidad y los smartphones. Hoy día, tú y yo, compramos comida en un supermercado ya empaquetada, sin necesidad de correr tras ella, sin casi esfuerzo. Tampoco tenemos que preocuparnos por tigres o jaguares cruzando la calle y cuando llega el frío subimos el termostato y nos tomamos un chocolate caliente.

No obstante los avances, eres cavernícola

O, mejor dicho, tu cuerpo es cavernícola. Su objetivo principal es la supervivencia. Metabolizas una manzana como si poco después necesitases correr para escapar un tigre que te acecha. Tu sistema hormonal procesa los alimentos hoy en base a las mismas directivas de hace 200.000 años. La digestión convierte los Hidratos de Carbono en Glucosa, la forma de energía que los podemos usar rápidamente y almacena el sobrante en grasas que nos servirán para el duro invierno más adelante.

Somos Cavernícolas con Sofá y Tele

El problema – metabólicamente hablando – es que comemos energía “rápida” muy a menudo (un sandwich, un plato de pasta, un arroz con leche) cuando no necesitamos de su energía inmediatamente. Por consecuencia, la glucosa de esa tarta no encuentra uso y termina almacenándose como grasas para un “más tarde” que nunca llega. Como un tacaño de la energía, guardamos y guardamos grasa en un abdomen cada vez más amplio.

No se trata de abandonar las ventajas de la época moderna, quitarnos el abrigo y regresar a las cavernas. Solo necesitamos hacer unos pequeños cambios para sincronizar mejor lo que hacemos con lo que el cuerpo espera.

Alimenta el Cavernícola que llevas dentro

Existe una modalidad de alimentación que atiende esta realidad. Se llama “Esquema de Hidratos Lentos”. No lo llamaré dieta porque – equivocadamente – se ha convertido la palabra dieta en un evento puntual. Algo que se hace durante uno, dos o tres meses para entrar en un vestido que usaremos en la boda de nuestra mejor amiga. No, el esquema que se plantea es más bien un estilo de vida. La nueva forma de alimentarte que encaja mejor con la inteligencia metabólica de nuestros cuerpos:

  1. No comas Hidratos Rápidos
  2. Come más grasas
  3. No comas Frutas
  4. No bebas las Calorías
  5. Come “aburrido”
  6. Una día a la semana, rompe las reglas anteriores

¡¿Qué?! Detallemos los puntos

Veamos cada uno:

1.- No comas Hidratos Rápidos. En cambio, come muchos Hidratos Lentos

Los Hidratos de Carbono rápidos son aquellos que se digieren rápidamente. Al poco de comerlos, su glucosa inunda nuestra sangre. Ideal si te persigue un tigre. Malo si estás sentada delante del ordenador.

  • Hidratos Rápidos: Azúcares (¡todas!), Panes, Pastas, Tartas, Arroces, Patatas, etc.
  • Hidratos Lentos: Algunas verduras (Acelgas, Espinaca, Lechuga, Judías Verdes, Cebolla, Ajo, Espárragos, Brócoli, etc.)
  • En el medio: Legumbres (Guisantes, Judías, Garbanzos, Habas, Lentejas, Cacahuetes, Soja, etc.)

Descarta los Rápidos y come mucho de los Lentos y  los Medios.

2.- Come más grasas

La mayoría de las “dietas” recomiendan reducir las calorías. Depende. Debes comer lo que necesitas comer. Hay estilos de vida que requieren más, otros estilos menos. Aunque el número general ronda los 1.800 calorías diarias, deberás calcular tú cantidad específica en base a tu edad, sexo, nivel de actividad y otros factores personales. Si tienes exceso de grasas (y de peso) puede ser necesario establecer un déficit de calorías puntual, pero no es un mecanismo sano durante mucho tiempo. El cuerpo tira primero de la Glucosa y su primo el Glucógeno. Luego empieza a consumir las grasas, lo que es bueno hasta cierto punto. Pero si el déficit calórico se extiende demasiado tu metabolismo se ralentiza (te sientes cansada siempre) e incluso, en los casos extremos tipo anorexia, puede llegar a consumir tus músculos.

Cuando eliminas los Hidratos de Carbono Rápidos debes compensar esas calorías de dos maneras:

  • Los Hidratos de Carbono Lentos suelen ser menos densos calóricamente. Tendrás que comer más cantidad para cubrir tus necesidades de energía. Un “plato” de pasta tiene más calorías que la misma cantidad de Judías Verdes. Aumenta el volumen para mantener el nivel que necesitas.
  • A pesar de lo que has oído año tras año, las Grasas alimenticias (de la carne, del pescado, el Aceite de Oliva, Aguacate, Frutos Secos, etc) NO SON EL ENEMIGO. Cambia Hidratos de Carbono (especialmente azúcares) a favor de las grasas saludables.

3.- No comas Frutas

Esto suena a herejía, lo sé. “Las frutas son muy buenas”, “Tienen muchas vitaminas”, “etc. etc.” El problema es que junto con lo bueno, las frutas contienen un montonazo de azúcares. En cambio, puedes y debes obtener todas las vitaminas que quieras de los vegetales (Hidratos de Carbono Lentos) que mencioné antes.

Hay algunas excepciones a esta instrucción de no comer frutos:

  • Aceitunas
  • Aguacates
  • Tomates
  • Limones
  • Pomelos

Puedes comer de esta lista sin problemas.

Si se desaconsejan las frutas, los zumos están totalmente prohibidos. Al exprimir la fruta eliminas la fibra. Ese zumo no es más que un concentrado de azúcares. Y, ni hablar, de los zumos de bote a los que ¡añaden azucar! No caigas en la trampa de “¡Con más vitaminas!“. Es un reclamo vacío.

4.- No bebas las calorías

Sin darte cuenta puedes estar añadiendo calorías por un (vaso de) tubo. Los refrescos, las cervezas, el café con azucar, los batidos, los zumos, hasta las sopas preparadas son fuentes de Hidratos de Carbono, especialmente azucar, que “pasan bien”. Uno no reconoce todo lo que puede estar ingiriendo en una bebida. Además, el alcohol de las bebidas alcohólicas retrasa el metabolismo de las grasas. Doble golpe a la tripa.

5.- Come Aburrido

Cuando eliminas los Panes, Arroces, Pasta y Frutas de tu dieta diaria, las comidas son más aburridas, no hay duda. A tu cavernicola interior le gusta mucho el dulce. Es lo que le permitió sobrevivir en las estepas prehistóricas. Pero hoy, en el coche o delante de la tele no estás quemando esos Hidratos de Carbono Rápidos de la misma manera. Recuerda, el exceso va directo a la tripa.

Es mejor plantearse unos pocos esquemas con las cantidades adecuadas de Proteína, Grasa Alimentaria e Hidratos de Carbono Lentos y repetirlos una y otra vez. Ponerse a inventar salsas y combinaciones no te deja determinar y observar los cambios que te conviene. ¿Es aburrido? Si, pero es mejor a la larga.

6.- Un día a la semana, rompe todas estas reglas

¿Creías que te iba a someter a un sacrificio eterno? Pues no. Escoge un día libre a la semana (el mío es el domingo, pero empiezo el sábado noche) y aprovecha para comer todo lo que quieras. Si quieres, come arroces, pasta, frutas, tartas, bollos, bebe zumos y cerveza, etc. etc. Este día le das al cuerpo lo que habías restringido durante la semana. Hay varios motivos para esto:

  • Los Hidratos de Carbono Rápidos son necesarios. Nuestro problema es de excesos.
  • El cuerpo se adapta a las restricciones y sobre-compensa. Si le quitas algo para siempre, se pierde un poco el efecto que buscas.
  • Un esquema de monje tibetano solo lo aguantan los monjes tibetanos. Te será más fácil portarte bien durante la semana si sabes que te puedes premiar al final.

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